Por: Nicolás Reyes
La
película fue vista en un ambiente familiar (Diana, Santiago y yo) dispuesto
para tal fin. En principio, considere que hacer un ambiente propicio para el
disfrute y convivencia que permitiera el dialogo era lo mejor. Preferimos no
ver avances de la película y darnos a la sorpresa. Cuando empezó la película
una de las cosas que note fue el impacto por el tema que trata, a saber, una
película con un contenido y crítica religiosa. En ese sentido, cuando fue
avanzando notamos que no era una película que diera muestra de algún milagro o
experiencia mística sobre Jesucristo el carpintero. Al contrario, mostraba otra
cara de la moneda, es decir, de la institución y formación católica. Así
entonces, no es que hubiera muchas cosas que decir cuando la película finalizó,
quizás por la lejanía con estos temas o por el impacto de la narrativa. Sin
embargo, se resaltan dos aspectos por parte de los acompañantes. El primero: “la
perdida de la voluntad que pide la iglesia” en palabras de Santiago y a Diana,
se puede decir que en la misma línea lo que más le afecto fue la constante “manipulación
a la que nos vemos expuestos constantemente”.
Mi
reflexión muy de acuerdo con los comentarios anteriores ha girado alrededor del
tema de la despersonalización a la que se ven sometidos los jóvenes
seminaristas. Que ya sea por decisión propia (no recuerdo alguna) o por
decisión de los padres; ven en la formación eclesiástica una salida o forma
virtuosa de vida. En este sentido, a lo largo de la película son distintos los
momentos (ejemplo: los cambios de aspecto-familia-rutina-pensamientos, las
directrices en el salón de clase y así mismo la no atención a estas, la
sublimación de instintos y el desfogue de estos, la disposición y formación
particular del monaguillo, etc.) en los que se da una muestra del proceso que
se ha de recorrer para llegar a ser obedientes perfectos. Realmente son
diversos los temas que uno puede llegar a pensar, pero me afecta la manera en
la que la película muestra un proceso para ser obedientes. ¿Hasta qué punto
podemos tomar nuestras propias decisiones, permeados de simbologías diversas,
por ejemplo, una religiosa?
Conforme
a lo planteado es interesante la propuesta que presenta Rodrigo Medellín en Bajo
la bandera de Lucifer. (2014). En este ensayo se expone de manera detallada
lo que se concibe como una (puede haber otras) explicación teológica del actuar
del padre Marcial Maciel, actuar que se intenta reflejar en la película
basada en éste, y representado en la figura del padre Ángel de la Cruz. En este
ensayo se expone a partir de una meditación de san Ignacio (Las dos
banderas) una forma teológica de entender el por qué el padre Maciel fue
-en palabras mías- tan desagradable persona. Ahora bien, lo que plantea
Medellín en este ensayo es que el padre Maciel tomo la decisión de servir bajo
la bandera de lucifer y esto se muestra en la película, así como también
la connivencia por parte de la institución eclesial. Medellín dice:
“Lo menos que puede señalarse es el peligro de que la Legión, o
al menos su cúpula directiva, esté recorriendo los mismos escalones que plantea
la bandera de Lucifer: 1º, ambición de riqueza; 2º, búsqueda de honores;
3º, lo cual conduce a la soberbia y 4º, de ahí a todos los otros vicios” (2014,
p.53)
En
este sentido se intuye, por un lado, la responsabilidad que cada uno tenemos
con nuestro actuar, decidimos bajo que bandera nos moveremos en la vida. Y por
otro, muestra como está decisión está “amparada” de alguna manera por
instituciones que posibilitan tal actuar. ¿Quién determina a quién, institución
o adepto-usuario?
Referencias
Película. La obediencia perfecta (2014)
Medellín, R. (2014). La bandera de lucifer. Revista
Iberoamericana de Teología. Vol. X / N° 18, enero-junio 2014, 39-79

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