MORAL, FE, SANTIDAD E INSTITUCIONES.
Perspectiva de los espectadores
La perspectiva del bien y el mal es una construcción dada a partir de nuestro contexto. Un infante apenas empieza a distinguir este delgado pero estricto limite, fronteras que imponen las figuras de autoridad con sus actos y que los niños replican casi que por inercia. Nuestro concepto de la normalidad depende de esta base fundamental del crecimiento. La manipulación por parte del obispo y a su vez de la iglesia en general, incide de forma tal en el contexto de Alfonso que pasa de forma inadvertida, teniendo en cuenta el nivel de ingenuidad e inocencia quizá existente gracias a su corta edad y a la vez a la época en la que ocurrió el suceso, no es extraño que él asumiera un rol de sumisión, así como todos los demás niños que se vieron afectados. Por mucho tiempo (y quizá hoy en día) fue el modo más discreto en el que podían ocultar su verdadero rostro lleno de perversiones y actos injustos derivados de un largo ciclo de maltratos psicológicos y agresiones sexuales, pues como se puede ver al final de la película, indirectamente se expone una practica que se replica generación tras generación en la que con el tiempo es normalizada, aceptada.
De
a poco, se involucra en sus vidas (en los niños) un sentimiento de admiración
hacia la autoridad (los lideres católicos) esto es claramente conveniente para
aquellos que se aprovechan y usan a su beneficio la ingenuidad y maleabilidad
de sus estudiantes, acto que se ve reflejado a lo largo de la película como los
diferentes niveles de obediencia, en los que los seminaristas se resignan y se
inclinan por adaptarse ante su nueva realidad a tal punto en el que acaban aceptándolo
y al final de su experiencia lo concibieran incluso como algo agradable,
finalmente acabarán defendiendo e implementándolo como ideal “sagrado”,
continuando con el ciclo, como se espera de ellos.
Un entorno restrictivo y opresor extiende aquella manipulación incluso a las figuras “protectoras” de los niños, los familiares fueron cegados ante una falsa sensación de seguridad, pues para su perspectiva era inconcebible que su figura de pureza y bondad pudiese cometer un acto que generara contrariedad hacia lo establecido ante Dios y la iglesia. La negación incide en estos actos como un escudo para ocultar la verdad, porque para una persona encomendada a un camino tan estricto, una acción tan despreciable como la pedofilia sería una gran mancha en su sagrado manto de perfección. Como resultado, omiten e ignoran cualquier inconsistencia que ponga en riesgo la imagen del grupo religioso al que pertenecen por evidente que sean las pruebas. La iglesia inflexible no está en disposición de aceptar la gravedad de tal problema interno y mientras no se cambien los estatutos de las formas clásicas de enseñanza e incluso en cuanto a lo referente a las restricciones en la vida personal de los líderes (el matrimonio y otros limites familiares que le impiden a los sacerdotes católicos tener vidas normales, plenas) que son fundamentales para evitar ese tipo de acontecimientos que generan traumas irreparables en los infantes y un gran desprestigio para la entidad católica.
Reflexión filosófica
A
la hora de analizar desde una visión más profunda la película mexicana, se
puede percibir fácilmente desde el inicio que se trata de una institución
caracterizada por el abuso de poder específicamente de los sacerdotes con los
seminaristas. Se ve cómo la institución se sirve del poder eclesiástico para
llevar una imagen moralmente correcta ante los demás, es decir, crean una
suerte de máscara con la intención de asemejarse a aquel ser divino al cual
sirven y dirigen cada una de sus “obras”.
El
filme no necesitó de imágenes explicitas, sino por el contrario situaciones
emocionales fuertes que evidenciaron la crueldad de la institución, pues es aún
más claro vislumbrar como el tema de la pederastia prima en toda la película,
pues, el alto mando de la élite (obispo) ordena a sus “sucesores” un tipo de
búsqueda entre los más jóvenes para que hagan parte de la misma, orden que
utiliza como ventaja para el crecimiento de aquella institución, pues, estos
niños no se encuentran en una edad adecuada, una edad en la que tengan la plena
consciencia de sus actos, o un tipo de libertad sobre una vocación la cual
según sus supuestos no debería ser impuesta y mucho menos ser recompensada y/o
pagada con servicios carnales por parte del “alto mando”, el ejemplo más claro
está en la relación que se dio entre ambos protagonistas, el seminarista
“Alfonso Herrera” y el Obispo. En principio existió una suerte de deseo por
parte del hombre mayor hacia el joven, y poco a poco lo encamino a lo que
podríamos llamar un “proceso educativo” bajo la consigna de la obediencia
estricta hacia un ser divino, que análogamente sería Dios, y este obispo es
entonces la representación mas clara de aquel ser divino.
Ahora
bien, con lo anterior sabemos que existe una figura que ciertamente llama la
atención en toda la situación y es el obispo encargado de todas las operaciones
realizadas en el lugar, “Ángel de la cruz”, quien en principio y como se
mencionaba anteriormente, aparentaba una figura paternal y admirable en tanto
que servía de manera fiel a dios, y encaminaba a sus seminaristas al mismo
“buen obrar”, en el transcurso de la cinta su comportamiento no parece del todo
correcto, sino que conforme avanza el
tiempo, se detecta lo que podría llamarse una doble vida.
Su comportamiento, puede relacionarse de manera más
sencilla con el artículo de la revista mexicana “Bajo la bandera de Lucifer.
Una hipótesis teológica sobre Marcial Maciel a la luz de la meditación
ignaciana de Dos banderas. Hacia una necesaria reforma eclesiástica y
legionaria”, en la cual hacen especial énfasis en las relaciones
trascendentes, relaciones positivas o
negativas del ser humano con Dios, estas mismas se encuentran de manera casi
que intrínseca en los ejercicios espirituales de
san Ignacio, un proceso metódico de oración meditación e introspección que
posibilita la búsqueda de la voluntad de Dios. Su objetivo consiste en lograr
una libertad interior para no dejarse influir por inclinaciones peligrosas, en
todo este proceso se entrevé la existencia de las dos banderas; la bandera de Cristo y la bandera de Lucifer. Está claro, que esta primera bandera se caracteriza
por el proceso del desprendimiento de lo material se encamina a la humildad en pos de la búsqueda de una vida virtuosa, por el contrario, la bandera de
lucifer busca complacer todos estos deseos carnales y de posesión material.
En todo este camino, se entiende que el hombre puede
guiarse mediante su accionar a una de estas dos banderas, el supuesto entonces
en el caso específico del obispo “Ángel de la cruz” ha de ser, que por ser una
figura religiosa de ejemplo debe guiarse siempre bajo la bandera de Cristo, sin
embargo su accionar parece más un péndulo entre ambas banderas, su vida figura
en el pecado, en complacer todos sus deseos carnales aprovechándose y
refugiándose ante los demás en la bandera de Cristo, toma aquella imagen moral
que debería seguir desde un principio como un disfraz para facilitar su
crecimiento como imagen divina, y no contento con esto, incita de manera clara
a quienes le son fieles, para que este proceso continúe. Hace uso de la
obediencia como parte fundamental de su accionar.
La obediencia, si que hace parte de la bandera de Cristo,
de aquella persecución de la vida virtuosa, sin embargo el obispo la
transfigura a tal punto de manipular psicológicamente a los más jóvenes para
que olviden los principios virtuosos que hasta el momento pudieron haber
desarrollado, y cumplan entonces los demandados por aquella figura de Dios. La
posición de los niños es sumisa, que no ha de ser cuestionada
precisamente porque tienen un ideal que difícilmente logran poner en cuestión
(quizá y principalmente por la corta edad), un ideal que a su juicio no es en
absoluto malo. Aparte de lo mencionado anteriormente, también se ve cómo toma
ventaja de la fe casi que ciega de los niños, una fe que viene inculcada desde
hace mucho tiempo como única salida, como un consuelo que debe regir de forma
especifica el accionar, fe que es imposible de cuestionar.
En síntesis, se ve que en estas instituciones la
complicidad juega un papel importante, pues, su legado moral se pierde
totalmente en el momento en el que aparecen beneficios de orden más material y
sencillos, parece que cuando la recompensa es más atractiva, pasan a segundo
plano todos aquellos supuestos fundados en la fe y la moral de la divinidad,
situaciones que se pueden evidenciar en la actualidad y no solo en
instituciones religiosas, que se aprovechan del gran poder que tienen al mover
las masas y manipularlas a tal punto de dogmatizarlas y llevarlas a ideales
destructivos de su propio ser.

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