lunes, 21 de septiembre de 2020

Obediencia Perfecta

                                                                                                                                                                           

                                                   Obediencia perfecta:

Legitimación y reproducción del abuso.

Juan Diego Beltrán González

Es en el fuero interno donde íntimamente con el creador se saldan cuentas, pero además se legitima el abuso, allí donde, cuando joven, todo es moldeable y receptivo. Donde la esperanza en el paraíso y la confianza en Dios son suficientes para cerrar los ojos y aceptar el deseo

 

Resumen:  En las siguientes líneas encontrará un análisis del concepto "santidad" en relación con la película "Obediencia Perfecta" y con los casos de pederastia ocurridos a manos de Marcial Marcel

(1) Reconstrucción argumentativa que parte de las impresiones producidas por el montaje cinematográfico “Obediencia Perfecta” del director Luis Urquiza, y posteriormente (2) se hará una pequeña revisión, basado en el texto “Bajo la bandera de Lucifer” sobre la reacción que tuvo la iglesia frente a los casos de pederastia ocurridos en la legión de cristo y, por último (3), se ofrece una breve crítica a la reforma eclesiástica apoyada por el Papa Francisco años después de la muerte del superior Marcial Marcel.

La película “Obediencia perfecta “ofrece al espectador, a través de la personificación y resignificación del espacio sagrado, planos mediados en escena por el director Luis Urquiza que recrean en el montaje final (2014) una atmósfera de incomodidad y desconfianza alrededor de la iglesia católica, que atrapa y seduce al espectador hasta el final. Urquiza convoca a la crítica y a la reflexión, haciendo uso del plano-secuencia que evidenció las relaciones de poder existentes entre seminaristas y superiores, además de escenarios clérigos que otorgan ese contraste entre la santidad y el pecado que tanto caracterizó la producción. La propuesta del director consistió, principalmente, en evidenciar los escándalos sucedidos en la Legión de Cristo y la participación de su fundador Marcial Maciel en casos de promiscuidad, pederastia, corrupción y drogadicción que fueron ignorados y legitimados, al parecer, por sus compañeros y que se mantuvo vigente gracias a todo un sistema de adoctrinamiento que reprodujo e interiorizó dichas prácticas reprochables entre los seminaristas y sus superiores.

Obediencia perfecta pone a discusión, aunque no de manera literal sino a partir de su narrativa, la idea de una reforma profunda a las instituciones clérigas, que dé respuesta clara y puntual a los casos reportados, y más aún, a la organización misma de la iglesia que termina siendo cómplice por su silencio o su búsqueda insaciable de hacerlo un caso aislado y no aceptar que el problema está en la base de la institución y no en unas pequeñas manzanas podridas. Urquiza trata de rescatar la “humanidad” y la “no santidad” de los referentes espirituales, mostrándolos envueltos en situaciones que rayan con su moral y sus predicaciones. Ese, llamémosle, complejo narcisista que subsiste en el corazón de cada tempo es el problema de raíz al que hay que atacar; el supuesto de pureza, de iluminación, de abstinencia y una vida de obediencia que establece relaciones jerárquicas, favorece el abuso y legitima la autoridad de los sacerdotes.

El rechazo entre los espectadores es claro: No solo por la relación pedófila que sustenta la trama principal, sino por el abuso de autoridad y de imagen santa que tuvo Marcial con los jóvenes seminaristas para obtener confidencialidad y cooperación. Además de ello, la película inspira toda una revisión, desde el morbo adulto, frente a la niñez propia, dando a conocer como la arquitectura eclesiástica, y en general la atmósfera de sumisión y entrega que reproduce la institución católica, supuso y supone toda una resignificación de la niñez y su espiritualidad.

Ahora bien, el contexto que atañe a la película tuvo origen en casos particulares, y a su vez tuvo respuesta, no suficiente -como es de esperarse- por parte de la iglesia que examinaré a la luz del texto Bajo la bandera de Lucifer. Una hipótesis teológica sobre Marcial Maciel a la luz de la meditación ignaciana de Dos banderas. Hacia una necesaria reforma eclesiástica y legionaria se dicta un escenario en el que la descripción de los hechos busca responder, desde un análisis e hipótesis teológica, el porqué de la conducta reprochable de un servidor de la iglesia que fue justificado, dentro de su legión, con la excusa de ser parte de una situación personal religiosa más profunda, o el ser un hombre de doble vida. En cualquiera de los dos casos se incumple con los planteamientos de Ignasio de Loyola en la Meditación de dos Banderas, en la que aparecen los ejercicios espirituales como parte de un proceso metódico de oración, meditación e introspección que permiten hallar la voluntad de Dios y, consecuentemente, en ayuda de su libertad interior, ser capaz de seguir el camino de Cristo. La meditación de Dos Bandera supone que a la humanidad se le presentan constantemente dos proyectos de vida: el de Lucifer y el de Cristo. No existe un término medio, por ende, la justificación que dio la propia iglesia al dejar supuestamente claro que ellos no estaban enterados de “la doble vida” del fundador Marcial en la que: una es digna de santidad y reconocimiento, y la otra está llena de corrupción, pecado y secretismo, no es válida. Puesto que, en la Meditación de dos Banderas se milita bajo la bandera del bien o del mal.  Marcial, en consecuencia, no llevó una doble vida, sino una sola, y esa fue la del pecado.

    Después de salir a la luz los hechos de pederastia, y ser imposibles de negar u ocultar, la iglesia tuvo que tomar diferentes medidas, como por ejemplo negar el servicio público del sacerdote y subordinarlo a una vida de perdón, penitencia y oración. Además de ello, posteriormente, con la muerte de Marcial, se cerró la etapa fundacional de la iglesia, y en consecuencia las autoridades legionarias vieron un nuevo panorama sobre el cual trabajar; se esforzaron en sacar más de un comunicado supuestamente arrepentidos para tratar de controlar o minimizar el daño que las conductas de su fundador le había causado a la iglesia. Sin embargo, esa forma de referirse a los hechos lo único que reflejaba era el afán de la institución por librarse de las culpas y responsabilidades con las víctimas.

    Todo este entramado de corrupción y secretismo puso en tela de juicio y contra la pared la confianza en la iglesia y sus mandatarios. La lucha, casi que interminable por negar u ocultar estos acontecimientos ante la mirada de los demás templos y la del papa, jugó en contra de la legión de cristo, y años después, en manos del papa francisco, se convirtió (la suma de escándalos y el dudoso comportamiento de los superiores respecto a los hechos) en el motivo para impulsar una necesaria reforma eclesiástica y legionaria rechazada por muchos. Que, a pesar de no contemplar algunos cambios en la institucionalización de la iglesia que revise y cuestione, por ejemplo, que tan digno, justo y sano sea someter a los niños a estos procesos sacerdotales, se manifestó de otra manera; el papa Francisco propuso un seguimiento a las autoridades religiosas, un rechazo a sus obras y a la figura de Marcial como líder espiritual mas no no como fundador, además de un completo rechazo a los casos de abuso infantil reconociendo, y esto es sumamente importante, que existen y fueros ocultados. Buscando recobrar el espíritu cristiano que ha sido abandonado, según Francisco, en virtud de la riqueza, las pasiones y la fama.

    En conclusión y como crítica personal, el problema de la pederastia dentro de la institución católica no es cuestión de unos pocos, ni de en qué bandera se milita dentro de la iglesia, eso es irrelevante. El problema radica realmente en los axiomas bajos los cuales se resguarda la organización religiosa y desde los que se excluye al estado y se legitima la “pérdida de infancia” en manos de unos cuantos sacerdotes. La santidad, la iluminación, el camino correcto son expresiones que adquieren performatividad dentro de la iglesia y reproducen relaciones de poder que llevan a los seminaristas más jóvenes a adquirir una “obediencia perfecta” que responde a los intereses y exigencias de la comunidad cristiana. Esa aureola de santidad que ilumina a los lideres espirituales, le hace sombra a la juventud y a los sueños de emancipación y libertad. Esa atmósfera de idolatría y de castidad que inspira la arquitectura eclesiástica ha servido durante años como testigo de múltiples abusos a su propia moral. Es necesaria, en consecuencia, una reforma mucho más profunda y consciente no solo de los hechos ocurridos, sino de aquello que los inspira y de los entornos que los hace posibles: Desde la formación casi que esquizofrénica y narcisista que tienen los lideres de estas comunidades, los privilegios jurídicos y la excepción del estado, hasta los espacios de adoctrinamiento y formación bajo ciertas estructuras jerárquicas, justificadas en prototipos falsos de santidad, vocación y casi que no humanidad con los que cargan los sacerdotes y fundadores de la iglesia, vívidas aún bajo el secretismo y la justificación espiritual que no hace más que negar la crisis que vive la institución en sus fundamentos. 



 

2 comentarios:

  1. Juan Diego Beltrán da en la diana pues la crítica es en virtud de los fundamentos que ponen en vilo la institución católica, como lo sería la santidad de la se invistió por años al padre Marcial Maciel. Las relaciones de poder que enuncia Beltrán, bien pueden sobreentenderse que se tratan de una no relación, más que todo, porque en este caso el poder si es algo que se detenta y que se guarda, casi un poder directo sobre la vida, de modo soberano.
    Y es precisamente por eso que la crítica se hace necesaria de manera trasversal es decir al primero en la cadena alimenticia: Marcial Maciel. En este caso, pero en general de quienes encarnan lo más voraz, antropófago y rapiño de la iglesia. Ahora, da en el corazón del problema en tanto se identifica aquello que debe ser desdeñado: la iluminación, la santificación en vida, la burocracia elefantica, que por años legitimaron y protegieron los abusos, porque en tanto (en palabras de Beltrán) detentaban la aureola de santidad negaban la vida y los sueños de los jóvenes, como los seminaristas que buscando salvar almas, vieron la suya perdida y vilipendiada.

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  2. Por Sebastian Barbosa Montenegro
    Juan Diego Beltrán da en la diana pues la crítica es en virtud de los fundamentos que ponen en vilo la institución católica, como lo sería la santidad de la se invistió por años al padre Marcial Maciel. Las relaciones de poder que enuncia Beltrán, bien pueden sobreentenderse que se tratan de una no relación, más que todo, porque en este caso el poder si es algo que se detenta y que se guarda, casi un poder directo sobre la vida, de modo soberano.
    Y es precisamente por eso que la crítica se hace necesaria de manera trasversal es decir al primero en la cadena alimenticia: Marcial Maciel. En este caso, pero en general de quienes encarnan lo más voraz, antropófago y rapiño de la iglesia. Ahora, da en el corazón del problema en tanto se identifica aquello que debe ser desdeñado: la iluminación, la santificación en vida, la burocracia elefantica, que por años legitimaron y protegieron los abusos, porque en tanto (en palabras de Beltrán) detentaban la aureola de santidad negaban la vida y los sueños de los jóvenes, como los seminaristas que buscando salvar almas, vieron la suya perdida y vilipendiada.

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