Eso sí
rancios
ejecutantes
vivisectores
graciosos
ostrones
los poderosos
Miyó Vestrini
Marcial
Maciel es un nombre que no puede pronunciarse sin que por antonomasia se
entienda: criminal, pederasta y
estandarte de la bandera de lucifer. Quien
sería el padre fundador de la asociación seglar Regnum Christi y de la congregación católica Legión de Cristo cometió crímenes ineludibles. Arreglados
cosméticamente durante años por la misma iglesia, por ello representa también
el declive, la caída de la credibilidad en la institución, no solo él, para ser
justos, sino todos quienes detrás del habito encarnan in situ todo el mal y todo el daño.
Me
pregunto ¿en qué círculo del infierno estará el padrecito Marcial Maciel? Si en
su lengua bípeda no pesaron las suficientes monedas de plata para pagar las
indulgencias habrá de estar en el primer círculo, en lo más profundo de las
aguas del río Flegetonte entre fuego y sangre. Si Dios es justo allá estará,
porque esa iglesia de caínes, se habría ido de bruces al rio con tal de
salvarlo.
Todo
cuanto diré de ahora en adelante refiere a la película Obediencia perfecta de Luis Mondragón y el texto: Bajo la bandera de Lucifer. Una hipótesis
teológica sobre Marcial Maciel a la luz de la meditación ignaciana de Dos
banderas. Hacia una necesaria reforma eclesiástica y legionaria de Rodrigo
Medellín.
Así
pues, el texto de Rodrigo Medellín hace parte del gran acervo literario que ha
inspirado Marcial Maciel: biografías, artículos, denuncias, reportajes, etc.
Pero Rodrigo Medellín hace una crítica desde la teología misma, además una
hipótesis necesaria de la cual saldría bien librada la iglesia, o por lo menos
parte de ella. De modo que, y es lo más central de su propuesta, pone de
manifiesto las evidencias que negarían la relación de Marcial Maciel con Dios.
Es decir que su reflexión es de corte
teológica y además hace hincapié en las relaciones trascendentes positivas o
negativas que pudo tener el padre con Dios, dice el autor que: Si bien nadie puede juzgar el fuero interno
de ninguna persona (…) había en su conducta elementos perceptibles
constitutivos de ofensas mortales a la divinidad por razones del todo egoístas
de satisfacción de las pasiones carnales propia.
Su
hipótesis tiene como sustento las meditaciones de “dos banderas” de San Ignacio de Loyola, que daremos por
entendido el lector conoce. Sin embargo diremos algo general: los ejercicios
ignacianos presentan dos proyectos entre lo que se debe escoger espiritualmente
“la bandera de cristo” o la bandera de lucifer” Se ha dicho constantemente que
el padre vivió una doble vida, pero ciertamente bajo esta perspectiva no lo es,
pues uno pude inferir que la conducta de Maciel recorre la bandera de lucifer
cuyos escalones son: 1º, los vicios; 2º, la soberbia, que puede
inferirse; 3º, el honor mundano; 4º, la ambición de riqueza. Y que el
padre, sin conocer ciertamente el fuero interior, pero a juzgar por sus frutos:
no habitó en él Dios, ni hondeó su bandera.
Ahora
bien, sin interés de ahondar en lo teológico puesto que se sobre entiende que por
largos años Marcial Maciel impostó una relación trascendental inexistente con
la divinidad detrás de la cual se escondían todos los vicios y todas las
ambiciones. Entonces habrá que detenerse en la narrativa de la película de Luis
Mondragón la cual evidencia la urdimbre de justificaciones y complicidades de
la iglesia para con Marcial Maciel.
Si por sus frutos los
conoceréis, la misma iglesia revictimizó en virtud y desde que
aparecieron las acusaciones. Ella también fue verdugo, aunque luego más cosméticamente
que con corazón sincero intento reivindicarse; el padre no pago en vida nada,
ningún crimen cometido. La película muestra, por un lado, la necesidad
imperante de reformar los elefantes burocráticos de la iglesia en tanto
institución. De modo que no se trata de una manzana podrida se trata de una
conducta arraigada en los cimientos principales de la iglesia. Vemos un hombre
atormentado por sus vicios y sus aspiraciones de poder, que en la iglesia
encuentra la fachada perfecta.
Obediencia imperfecta de
primer grado, haces las cosas por amor a quien te lo pide:
la narrativa es ver como los jóvenes hechizados por el encanto y carisma del
padre van cayendo en unas redes antiguamente tejidas para los ingenuos. El
transito es el tránsito de la de la no voluntad, del doble discurso, de las
heridas profundas sobre los cuerpos. Existe una necesidad de reformar el cómo
se juzga a quien cometen delitos. Lo primero es no encubrir (pero cómo no
encubrirían a Maciel, por su poder económico) y como esperar que quienes
deberían ser guía de luz, representen lo bajo y demencial. Y no me refiero a la
santidad, me refiero a lo inhumano de quienes detentan el poder religioso, y
por consecuente económico.
Obediencia perfecta de
tercer grado: piensas y actúas como aquel a quien amas, ya no tienes voluntad
propia. Si un joven entra al seminario con la aspiración de
salvar almas y la suya es condenada. No
olvidemos que todo se da en el contexto de una institución educativa: para
enseñar es imprescindible el cuerpo y eros, pero no la violencia sobre los
cuerpos, ni la violación no solo física sino pedagógica, fijémonos como no se
enseña realmente desde la obediencia, desde este fuero de obediencia se enseña
a autonegarse, auto culparse, la obediencia perfecta es enseñar a repetir, y
vemos que lo que se repite es lo menos deseable : si el hombre se santifica en
vida, si no existe una reforma sustancial en las dinámicas de la iglesia, si no
los conocemos por sus frutos sino por su desastre, si dejamos fuera la crítica,
si nos emborrachamos de fe, si no entendemos el daño, si no existe el bien en
la iglesia, si sus muros hermosamente edificados no son el reflejo de su cuerpo
eclesiástico si solo es condenada la pedofilia y no la autoridad, si no se
enumeran sus crímenes, entonces caerá
por su propio peso y será dolorosamente necesaria la sentencia de Kropotkin: La única iglesia que ilumina es la que arde

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