lunes, 21 de septiembre de 2020

OBEDIENCIA PERFECTA: POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS

 


Eso sí

rancios

ejecutantes

vivisectores

graciosos

ostrones

los poderosos

 

Miyó Vestrini

 Por Sebastian Barbosa Montenegro 

Marcial Maciel es un nombre que no puede pronunciarse sin que por antonomasia se entienda:  criminal, pederasta y estandarte de la bandera de lucifer.  Quien sería el padre fundador de la asociación seglar Regnum Christi y de la congregación católica Legión de Cristo cometió crímenes ineludibles. Arreglados cosméticamente durante años por la misma iglesia, por ello representa también el declive, la caída de la credibilidad en la institución, no solo él, para ser justos, sino todos quienes detrás del habito encarnan in situ todo el mal y todo el daño.

Me pregunto ¿en qué círculo del infierno estará el padrecito Marcial Maciel? Si en su lengua bípeda no pesaron las suficientes monedas de plata para pagar las indulgencias habrá de estar en el primer círculo, en lo más profundo de las aguas del río Flegetonte entre fuego y sangre. Si Dios es justo allá estará, porque esa iglesia de caínes, se habría ido de bruces al rio con tal de salvarlo.

Todo cuanto diré de ahora en adelante refiere a la película Obediencia perfecta de Luis Mondragón y el texto: Bajo la bandera de Lucifer. Una hipótesis teológica sobre Marcial Maciel a la luz de la meditación ignaciana de Dos banderas. Hacia una necesaria reforma eclesiástica y legionaria de Rodrigo Medellín.

Así pues, el texto de Rodrigo Medellín hace parte del gran acervo literario que ha inspirado Marcial Maciel: biografías, artículos, denuncias, reportajes, etc. Pero Rodrigo Medellín hace una crítica desde la teología misma, además una hipótesis necesaria de la cual saldría bien librada la iglesia, o por lo menos parte de ella. De modo que, y es lo más central de su propuesta, pone de manifiesto las evidencias que negarían la relación de Marcial Maciel con Dios.

 Es decir que su reflexión es de corte teológica y además hace hincapié en las relaciones trascendentes positivas o negativas que pudo tener el padre con Dios, dice el autor que: Si bien nadie puede juzgar el fuero interno de ninguna persona (…) había en su conducta elementos perceptibles constitutivos de ofensas mortales a la divinidad por razones del todo egoístas de satisfacción de las pasiones carnales propia.

Su hipótesis tiene como sustento las meditaciones de “dos banderas” de San Ignacio de Loyola, que daremos por entendido el lector conoce. Sin embargo diremos algo general: los ejercicios ignacianos presentan dos proyectos entre lo que se debe escoger espiritualmente “la bandera de cristo” o la bandera de lucifer” Se ha dicho constantemente que el padre vivió una doble vida, pero ciertamente bajo esta perspectiva no lo es, pues uno pude inferir que la conducta de Maciel recorre la bandera de lucifer cuyos escalones son:  1º, los vicios; 2º, la soberbia, que puede inferirse; 3º, el honor mundano; 4º, la ambición de riqueza. Y que el padre, sin conocer ciertamente el fuero interior, pero a juzgar por sus frutos: no habitó en él Dios, ni hondeó su bandera.

Ahora bien, sin interés de ahondar en lo teológico puesto que se sobre entiende que por largos años Marcial Maciel impostó una relación trascendental inexistente con la divinidad detrás de la cual se escondían todos los vicios y todas las ambiciones. Entonces habrá que detenerse en la narrativa de la película de Luis Mondragón la cual evidencia la urdimbre de justificaciones y complicidades de la iglesia para con Marcial Maciel.

Si por sus frutos los conoceréis, la misma iglesia revictimizó en virtud y desde que aparecieron las acusaciones. Ella también fue verdugo, aunque luego más cosméticamente que con corazón sincero intento reivindicarse; el padre no pago en vida nada, ningún crimen cometido. La película muestra, por un lado, la necesidad imperante de reformar los elefantes burocráticos de la iglesia en tanto institución. De modo que no se trata de una manzana podrida se trata de una conducta arraigada en los cimientos principales de la iglesia. Vemos un hombre atormentado por sus vicios y sus aspiraciones de poder, que en la iglesia encuentra la fachada perfecta.

Obediencia imperfecta de primer grado, haces las cosas por amor a quien te lo pide: la narrativa es ver como los jóvenes hechizados por el encanto y carisma del padre van cayendo en unas redes antiguamente tejidas para los ingenuos. El transito es el tránsito de la de la no voluntad, del doble discurso, de las heridas profundas sobre los cuerpos. Existe una necesidad de reformar el cómo se juzga a quien cometen delitos. Lo primero es no encubrir (pero cómo no encubrirían a Maciel, por su poder económico) y como esperar que quienes deberían ser guía de luz, representen lo bajo y demencial. Y no me refiero a la santidad, me refiero a lo inhumano de quienes detentan el poder religioso, y por consecuente económico.

Obediencia perfecta de tercer grado: piensas y actúas como aquel a quien amas, ya no tienes voluntad propia. Si un joven entra al seminario con la aspiración de salvar almas y la suya es condenada.  No olvidemos que todo se da en el contexto de una institución educativa: para enseñar es imprescindible el cuerpo y eros, pero no la violencia sobre los cuerpos, ni la violación no solo física sino pedagógica, fijémonos como no se enseña realmente desde la obediencia, desde este fuero de obediencia se enseña a autonegarse, auto culparse, la obediencia perfecta es enseñar a repetir, y vemos que lo que se repite es lo menos deseable : si el hombre se santifica en vida, si no existe una reforma sustancial en las dinámicas de la iglesia, si no los conocemos por sus frutos sino por su desastre, si dejamos fuera la crítica, si nos emborrachamos de fe, si no entendemos el daño, si no existe el bien en la iglesia, si sus muros hermosamente edificados no son el reflejo de su cuerpo eclesiástico si solo es condenada la pedofilia y no la autoridad, si no se enumeran sus crímenes,  entonces caerá por su propio peso y será dolorosamente necesaria la sentencia de Kropotkin: La única iglesia que ilumina es la que arde

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