Camilo Andrés Gómez
Vi la película con mi madre y mi hermana, cada una de ellas situadas desde diferentes perspectivas frente a lo católico. Mi madre devota al catolicismo pero no en su radicalidad, mostró sin tanta sorpresa un desprecio y terror por las escenas que la película exponía, de alguna manera con sus comentarios en el correr de la película, notaban que sabía los alcances que podría llegar a tener una institución como esta. Después hablando con ella supe que estaba enterado sobre algunos de los escándalos de pedofilia que se habían presentado en el vaticano, y los encubrimientos que el sacerdocio y papado hacían a estos. Ella tiene muy muy marcada, con un sentimiento de pavor, la imagen del papa Benedicto XVI, no le inspira mucha confianza, tal vez por algunas cosas que habrá escuchado sobre este y que reforzaron un poco la desconfianza frente a este personaje. Sin embargo, comprende que la relación con el Dios católico no es de sumisión, es decir, como si fuese este un manual a seguir y debiese someterse el creyente a toda costa a este.
De alguna manera entiende que la naturaleza del ser humano no conlleva a una vida ascética, privándose del placer y los bienes materiales, por lo que concordamos en este punto y concluimos en la posibilidad de una reforma a como está constituido hoy día lo católico en sus rígidas leyes morales.
Por otra parte mi hermana
un poco más desprendida de lo católico y crítica frente a las escenas, se centro en lo patológico , es decir, la demencial conducta
de los sacerdotes. Sobre aquellas represiones y frustraciones sexuales que se
alivianan o tratan de fugar por medio de la pedofilia. La película está
fuertemente, para ella, cargada de perturbadoras imágenes.
En relación al texto Bajo la bandera de lucifer y la película quisiera resaltar el valor de la buena fe o de la confianza ciega frente el reducido número de allegados católicos. El juego psicológico del que se sirven los sacerdotes para reformar la conducta de los seminaristas. Con una cara de bondad infinita se expresan frente a los demás, esto genera confianza pero a la vez miedo, una combinación que puede llevar a reducir la capacidad de pensar y actuar y más en un lugar donde constantemente se esta expuesto a este tipo experiencias.
No sé si habría que tratar este tipo de situaciones desde lo patológico, como si Marcial Maciel o los sacerdotes que cometían pedofilia no pudiera entender el significado de sus actos, esta perspectiva le resta responsabilidad. En el texto de Rodrigo A. Medellín es interesante ver que propone un análisis diferente desde lo teológico. A partir de las dos banderas, o dos caminos que tomar católicamente: El de lucifer o el de Jesús. El primero lleno de lujuria, avaricia y soberbia; el segundo con valores como la humildad, la fe, la amistad
Como lo hace Medellín, permite entender la forma en que los valores católicos casi ortodoxos formaron a los creyentes y formaron a las familias. Estos producen una paradoja, por una lado se quiere seguir un camino de perfeccionamiento de la conducta a grado divino, y por otro lado un camino un poco más holgado en el cual las cosas como tener relaciones sexuales no implican el pecado, no implica "mancharse el alma". Así pues no se crea un tipo de paranoia constante, frente a lo que no se debe fallar y lo que se debe supuestamente seguir para ser infinitamente bueno o adepto de Dios. En vida nunca es suficiente la bondad, ni la castidad, por lo que se espera un tercer camino que solo se encuentra muriendo, negando la vida. Pero Maciel y la demás red de pedofilia sacerdotal están por el contrario, no tan seguros de este camino, pero tienen una reputación y privilegios que defender para mantenerse con dinero, placeres y seguidores. Que mejor para esto que disponer de cierta congregación e imponer formas de vida que hagan que se sometan los creyentes. En un tipo de negocio disfrazado de institución religiosa que acumula y acumula mientras predica sobre la importancia de compartir y de la amistad.
Al final del texto se presentan algunas de las cartas que la Legión de Cristo presento al público pidiendo disculpas a las víctimas y dando declaraciones sobre los acusados por pedofilia. Sin embargo no presenta propiamente una solución, el problema se encuentra en las bases, en la pregunta sobre el cómo se construye, se comprende y opera lo católico. Claro está que lo católico tiene diversas vertientes, pero los que han tratado de plantear algo distinto se les han tachado de infieles, desleales. Como el caso de Krzysztof Charamsa quién rompió su voto de castidad, se casó con su pareja, además de denunciar los casos de pedofilia existentes en el vaticano, por lo que fue fuertemente juzgado y criticado por algunos sacerdotes católicos de rango.
Aunque no soy católico doy algo de crédito a el que ocupa el puesto
hoy de papa, Francisco, de alguna manera esta un poco más consciente de lo que
ocurre en esta institución y no ha callado ni se ha desentendido de los casos
de pedofilia y corrupción a lo largo del mundo y del tiempo. Sin embargo, tiene
muchos adversarios que obstaculizan el camino y se hacen reacios a cambiar.


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