Por: Carolina Suárez.
Este post
lo debo iniciar contando que tuve una serie de impedimentos para hacer el análisis
de la película debido a la dificultad de encontrar espectadores diferentes a
mi. Lo primero fue encontrar personas que tuvieran la disponibilidad de hacerlo
y me pudieran compartir su experiencia. Lo siguiente está relacionado con la
técnica que usa Andersson para desarrollar la historia pues, al saber que se destaca
por la carencia de diálogos, genera
desinterés. A ello se suma que tiene una duración relativamente larga en
comparación con otras que tienen más desarrollo de personaje e interacción
audiovisual.
Resuelta
la dificultad, y habiendo encontrado a alguien que contara con el interés de
ver una producción con esas características técnicas, surge un nuevo obstáculo:
verla sincrónicamente, es por eso que, la percepción que aquí se
manifiesta corresponde de manera textual
a cómo lo escribió la persona que pudo ver la película y sentirla:
“La
película me hace pensar en varios momentos de mi vida en los que el cansancio
aparece en todas partes. Lo siento y lo veo en mi realidad todo el tiempo. La
paleta de colores me reafirma que la intención de la película en sí misma es
mostrar la abrumadora levedad del ser. Buscamos incansablemente saciar nuestra
vida de distintas formas: el amor, las drogas, el arte, la filosofía, la música y en general el consumo, consumo
que nos hace sentir la vida y así darle
un significado a nuestra existencia. Necesitamos de algo más porque con nuestra
sola y miserable vida no es suficiente, queremos más, queremos vivir más,
apegarnos y aferrarnos a la materia, a la banalidad, a la superficie. Esta
superficie nos sostiene, nos conduce, nos hace flotar en el mar de la penumbra.
Y así,
a lo largo de nuestra vida, pasan los cuerpos, los besos, los orgasmos, pasan
las lágrimas, pasan los gobiernos y las bacterias. Pasa todo, y nuestro cuerpo
empieza a ser diferente, sentirse diferente, cada día más cansado, cada día más
marchito. Aquí, recordamos la infancia, la inocencia, el disfrute momentáneo
que parece eterno, luego llega la adolescencia y sentimos que el mundo se viene
encima nuestro, que la vida nos pesa y cuesta. Esta sensación no desaparece,
pero ya no somos adolescentes, entramos en la adultez y el mundo no está
encima, el mundo es. El mundo sigue y nosotros también, ni nuestro cuerpo, ni
el tiempo, ni el mundo se detiene. En cualquiera de estas etapas, la muerte
siempre tuvo posibilidad. La muerte siempre está, la muerte necesita de la
vida. Vida que no se detiene hasta su fin.”
En cuanto leí la reseña que hace García con respecto a las cuatro películas que expone, me llamó particularmente la atención lo bien que se detiene en mirar la configuración social establecida en el momento de producción del film, en referencia a la crisis económica del 2008. Prmite ver cómo el arte es una expresión del contexto de quién desarrolla la obra. Por ejemplo, en términos del enfoque sobre la importancia del dinero, del consumo y la trivialidad que se le otorga al sentido de la vida. Resulta interesante la relación que expresa entre las cuatro producciones en las que revela el tono satírico con el que se describe una realidad en proceso de caducidad bajo un sistema económico que tiene como base el egoísmo y el consumo. Al cuel describe García, como un sistema creado por seres finitos, que parece no perecer al cual se ha intentado
A
pesar de que el apartado del texto en el cual se refiere a la película de Andersson
se llama La Felicidad como Mercancía, es difícil percibir ese tono de
felicidad, uno de los momentos en los que se logra evidenciar está emoción o
mínimamente una alegría genuina es cuando el anciano recuerda la época de los 60’s
de allí que conociera ese restaurante, pudiera con vivir con personas que se le
ven más cercanas y la vida tiene un sabor más agradable.
Mis sensaciones
con la película estuvieron asociadas especialmente en las expresiones del
cuerpo. Recuerdo cómo había una rigidez en los movimientos, siempre fríos e inexpresivos,
palabras cortas yv los momentos más emotivos corresponden íntimamente con
manifestaciones de desagrado como el enojo, la tristeza -cuando el vendedor
llora en la taberna-, la angustia. Ver cómo la maestra de baile abordaba el
cuerpo de su estudiante y este se sentía incómodo. Y pese a que no es una
producción rica en lenguaje hablado tiene unas expresiones estéticas y técnicas
que manifiestan justo lo que quiere decir, la monotonía de vivir, la insipidez
de ser, el apego a cosas superficiales como la máscara del señor que no la pudo
pagar y su esposa que no la quiere perder; en ese mismo cuadro se puede ver que
en ese mismo lugar habían objetos relacionados con el cuerpo como un busto o
varias máscaras adicionales.
Para
cerrar, el texto, la película, la experiencia recogida por medio del escrito de
mi amiga y la vivencia propia dejan la sensación de vacuidad en un mundo
rodeado profundamente por la desesperanza en un primer momento porque este
estado de cosas no proporciona garantías de una vida bien vivible y en un
segundo acto porque al presentarse esta sensación de rechazo buscamos
alternativas que ya no logran satisfacer nuestras creencias o sentires, ni
siquiera nuestra experiencia más próxima y al parecer lo que queda es vivirla
en tanto se puede y cómo se puede teniendo como destino final la muerte de cada
individuo y no del sistema causante de las insatisfacciones. Un sistema que no caduca,
pero nos hace caducar lentamente a modo de bucle pues no se haya forma de salir
de este.

No hay comentarios:
Publicar un comentario