martes, 13 de septiembre de 2022

"Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia" Del vacío al sinsentido.

 Por: Carolina Suárez.

Este post lo debo iniciar contando que tuve una serie de impedimentos para hacer el análisis de la película debido a la dificultad de encontrar espectadores diferentes a mi. Lo primero fue encontrar personas que tuvieran la disponibilidad de hacerlo y me pudieran compartir su experiencia. Lo siguiente está relacionado con la técnica que usa Andersson para desarrollar la historia pues, al saber que se destaca por la carencia de diálogos, genera  desinterés. A ello se suma que tiene una duración relativamente larga en comparación con otras que tienen más desarrollo de personaje e interacción audiovisual.

Resuelta la dificultad, y habiendo encontrado a alguien que contara con el interés de ver una producción con esas características técnicas, surge un nuevo obstáculo: verla sincrónicamente, es por eso que, la percepción que aquí se manifiesta  corresponde de manera textual a cómo lo escribió la persona que pudo ver la película y sentirla:

“La película me hace pensar en varios momentos de mi vida en los que el cansancio aparece en todas partes. Lo siento y lo veo en mi realidad todo el tiempo. La paleta de colores me reafirma que la intención de la película en sí misma es mostrar la abrumadora levedad del ser. Buscamos incansablemente saciar nuestra vida de distintas formas: el amor, las drogas, el arte, la filosofía,  la música y en general el consumo, consumo que nos hace  sentir la vida y así darle un significado a nuestra existencia. Necesitamos de algo más porque con nuestra sola y miserable vida no es suficiente, queremos más, queremos vivir más, apegarnos y aferrarnos a la materia, a la banalidad, a la superficie. Esta superficie nos sostiene, nos conduce, nos hace flotar en el mar de la penumbra.

Y así, a lo largo de nuestra vida, pasan los cuerpos, los besos, los orgasmos, pasan las lágrimas, pasan los gobiernos y las bacterias. Pasa todo, y nuestro cuerpo empieza a ser diferente, sentirse diferente, cada día más cansado, cada día más marchito. Aquí, recordamos la infancia, la inocencia, el disfrute momentáneo que parece eterno, luego llega la adolescencia y sentimos que el mundo se viene encima nuestro, que la vida nos pesa y cuesta. Esta sensación no desaparece, pero ya no somos adolescentes, entramos en la adultez y el mundo no está encima, el mundo es. El mundo sigue y nosotros también, ni nuestro cuerpo, ni el tiempo, ni el mundo se detiene. En cualquiera de estas etapas, la muerte siempre tuvo posibilidad. La muerte siempre está, la muerte necesita de la vida. Vida que no se detiene hasta su fin.”

En cuanto leí la reseña que hace García con respecto a las cuatro películas que expone, me llamó particularmente la atención lo bien que se detiene en mirar la configuración social establecida en el momento de producción del film, en referencia a la crisis económica del 2008. Prmite ver cómo el arte es una expresión del contexto de quién desarrolla la obra. Por ejemplo, en términos del enfoque sobre la importancia del dinero, del consumo y la trivialidad que se le otorga al sentido de la vida. Resulta interesante la relación que expresa entre las cuatro producciones en las que revela el tono satírico con el que se describe una realidad en proceso de caducidad bajo un sistema económico que tiene como base el egoísmo y el consumo. Al cuel describe García, como un sistema creado por seres finitos, que parece no perecer al cual se ha intentado






Imagen tomada de: Filmaffinity

derrotar sin mayor victoria, dejando la sensación de que una de sus victorias es mantenerse a pesar de las veces que se han propuesto acabarlo; llevando a la desesperanza o al habituarse a este mundo, develando que para las dos alternativas la vida es carente de sentido, es banal. Encuentra una suerte de aburrimiento cotidiano ante el hecho de vivir, muestra la simplicidad del sabor de la vida dejando como alternativas la muerte o el nihilismo mientras se respira en esta superficie.

A pesar de que el apartado del texto en el cual se refiere a la película de Andersson se llama La Felicidad como Mercancía, es difícil percibir ese tono de felicidad, uno de los momentos en los que se logra evidenciar está emoción o mínimamente una alegría genuina es cuando el anciano recuerda la época de los 60’s de allí que conociera ese restaurante, pudiera con vivir con personas que se le ven más cercanas y la vida tiene un sabor más agradable.

Mis sensaciones con la película estuvieron asociadas especialmente en las expresiones del cuerpo. Recuerdo cómo había una rigidez en los movimientos, siempre fríos e inexpresivos, palabras cortas yv los momentos más emotivos corresponden íntimamente con manifestaciones de desagrado como el enojo, la tristeza -cuando el vendedor llora en la taberna-, la angustia. Ver cómo la maestra de baile abordaba el cuerpo de su estudiante y este se sentía incómodo. Y pese a que no es una producción rica en lenguaje hablado tiene unas expresiones estéticas y técnicas que manifiestan justo lo que quiere decir, la monotonía de vivir, la insipidez de ser, el apego a cosas superficiales como la máscara del señor que no la pudo pagar y su esposa que no la quiere perder; en ese mismo cuadro se puede ver que en ese mismo lugar habían objetos relacionados con el cuerpo como un busto o varias máscaras adicionales.

Para cerrar, el texto, la película, la experiencia recogida por medio del escrito de mi amiga y la vivencia propia dejan la sensación de vacuidad en un mundo rodeado profundamente por la desesperanza en un primer momento porque este estado de cosas no proporciona garantías de una vida bien vivible y en un segundo acto porque al presentarse esta sensación de rechazo buscamos alternativas que ya no logran satisfacer nuestras creencias o sentires, ni siquiera nuestra experiencia más próxima y al parecer lo que queda es vivirla en tanto se puede y cómo se puede teniendo como destino final la muerte de cada individuo y no del sistema causante de las insatisfacciones. Un sistema que no caduca, pero nos hace caducar lentamente a modo de bucle pues no se haya forma de salir de este.


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