viernes, 20 de agosto de 2021

Mikra Anglia: Amor romántico y mercantilizado

 
Por: Félix Gutierrez

Percepción de los espectadores:

La película la vi junto a mi madre y mi hermana. El punto que más les llamo la atención fue los constantes obstáculos que impiden a las hermanas tomar decisiones siguiendo sus verdaderos deseos.

Desde su perspectiva, las hermanas debieron actuar con un poco más de “rebeldía” e intentar seguir lo que en realidad querían. Tal vez ello no hubiera evitado un final trágico, pero al menos el desenlace sería distinto.   

Relación con el texto:

La historia de las dos hermanas ocurre en la isla de Andros entre el periodo previo y el estallido de la segunda guerra mundial. En tal lugar, la vida de hombres y mujeres está claramente dividido: Las mujeres condenadas a la esclavitud de la vida domestica y los hombres al transporte de mercancías en el mar.

El papel preponderante de las personas que habitan la isla es el de transportar mercancías. En tal sentido, la película exalta la constante tragedia de los barcos naufragados que generan gran pérdida de vidas de hombres, dejando a su vez viudas solitarias sin otra opción que la vida doméstica. Los deseos son determinados por la vida del mar. La mayoría de los hombres aspiran a convertirse en capitanes y las mujeres a casarse con alguien de ese status social.       

Claramente, las relaciones amorosas que sostienen las dos hermanas son un ejemplo del “amor romántico”: “idealización, erotización del otro, deseo de intimidad y expectativa.” (Pascual, 3) Las subjetividades que genera esta forma de amor construyen en general relaciones de dependencia y dominación. La explicación desde cierta perspectiva (también la de Pascual) parece reducirse a que, en el actual contexto social (definido por el patriarcado) los hombres somos sujetos libres y dominadores mientras las mujeres son sumisas y serviles. Por ello con cambiar la construcción de subjetividades se podría modificar tal relación dominante:

“De esta forma, se vuelve necesario realizar una negociación del amor, en busca de construir y educar en “nuevas” formas de amor –romántico– igualitarias, libres y democráticas…” (Pascual, 3)

Considero que este punto de vista sólo es parcialmente cierto y no es suficiente para una crítica del amor romántico. Si bien en nuestra sociedad actual son predominantes ciertas relaciones patriarcales y un evidente sexismo; estas se mantienen en el modo de producción capitalista, por lo que deben responder a su lógica mercantil. La película nos evidencia una serie de relaciones de competencia. No todos los hombres pueden ser capitanes, ni todas las mujeres pueden casarse con un hombre rico. Ni tampoco todos los habitantes de la isla desean realmente eso.

En la película se muestra el matrimonio como la mediación primordial exigida por la sociedad para validar el amor. Allí, lo principal son las relaciones entre los padres, las propiedades y el status social. La madre de las hermanas actúa como una comerciante. Los deseos de las hermanas se convierten en mercancía. Ellas mismas se transforman en mercancías ofrecidas al mejor postor.         

Reflexión:

Paradójicamente, en la película, ni siquiera el matrimonio evita la vida solitaria de las parejas. Los constantes peligros del mar y de la guerra hacen que las parejas casi nunca estén juntas. El amor no puede ser libre en una sociedad que no lo es. La tragedia será entonces una constante. Sin embargo, siempre hay contradicciones y posibilidades que ponen en tela de juicio el determinismo del orden social actual.

Para terminar, debemos preguntarnos que tipo de mediaciones propias de nuestra sociedad moldean las distintas formas que adquiere el amor. No basta con criticar el “amor romántico”, también se debe confrontar las condiciones materiales que lo hacen posible. Hasta las relaciones amorosas más igualitarias y democráticas reproducen los vicios del orden social actual. Las nuevas identidades y subjetividades son rápidamente asimilados por el capital e incluso en ocasiones sirven para generar otros tipos de consumidores. En ese sentido la crítica debería dirigirse a el “amor mercantilizado” y a las distintas formas que adquiere en la actualidad.

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