miércoles, 23 de septiembre de 2020

 

Por: Stefania Matiz.                                   

¿Obediencia Perfecta?



Los niños tienen la capacidad de soñar en grande, y esto no es un secreto para nadie. Cuando le preguntas a un niño “¿Qué te gustaría ser de grande?”, casi siempre dirá sin pensarlo mucho: astronauta, médico, profesor, bombero, cocinero, etc. Sin embargo, existen preguntas que dejan ir su imaginación un paso más allá, preguntas como: “sí tuvieras un superpoder, ¿Cuál sería?”, y aquí es donde su creatividad puede tomar las riendas de su respuesta. Tal vez dirá volar, pero también varios niños sueñan con poder ser invisibles, algunos quisieran viajar en el tiempo, otros quisieran poder leer mentes. Y es exactamente como estos dos últimos superpoderes mencionados, serían la única forma de entender la mente retorcida de Marcial Maciel.

 

En las religiones abrahámicas, existe una ideología conocida como “temor de Dios”. Este temor de Dios (según el Papa Francisco) no significa que realmente debamos temer de él, sino que debemos respetarlo y depositar toda nuestra confianza en su voluntad. [1] Se podría decir que esta ideología es un pensamiento base para cualquier fe abrahámica, de manera que, actos como la pederastia dentro de la Iglesia Católica, representan la nula existencia de este temor por parte de los supuestos líderes espirituales que la iglesia aportaría a la comunidad.

 

En un pasaje de la biblia católica dice: “Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales.” (Efesios 6:12, NTV). Aquí se hace una referencia exacta a la lucha eterna que debemos soportar durante toda nuestra vida, ya que el ángel caído, Lucifer, será el encargado de tentar nuestra vida hacia mal. Sin embargo, esto no es excusa para saldar las atrocidades que hizo Marcial Maciel mientras caminaba por este mundo.

 

Desde los inicios de la biblia vemos como Dios le da la posibilidad de escoger entre el bien y el mal a nuestros dos antepasados más antiguos, Adán y Eva: “… pero el Señor Dios le advirtió: «Puedes comer libremente del fruto de cualquier árbol del huerto, excepto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Si comes de su fruto, sin duda morirás»” (Génesis 2:16-17, NTV). Esto se conoce como el libre albedrío, la capacidad que Dios nos dio para escoger entre lo que es bueno y lo que no; o, en otras palabras, la capacidad de utilizar aquello que nos diferencia de otros seres vivos, la razón. Por lo que Marcial Maciel no tenía ningún derecho a escoger la bandera de Lucifer, en lugar de la bandera de Dios.

 

Claramente la película “Obediencia Perfecta”, es un reflejo de lo que pasa a puertas cerradas de muchas iglesias o conventos. Un suceso del que todo el mundo sabe, pero no se hace mucho al respecto. Cuando le pregunté a mis amigos que opinaban de la película, la respuesta fue bastante esperada la verdad; todos mostraron su repudio, no solo a Ángel de la Cruz que era la pederastia en cuestión, sino que también a los demás líderes del semanario. Ya que ellos, sin importar que no realizaron ningún acto sexual con los niños, si eran testigos de lo que el líder de aquella secta hacía en las bañeras, en su propia casa, con las mujeres que allí se encontraban, etc.

 

El amor de Dios utilizado como cebo para estos niños era indispensable para poder realizar sus más profundas perversiones, sin embargo, esa idea “amor” que los lideres les venden a los niños es errónea. Una amiga en medio de su análisis de la película, me comento que para ella el amor y la obediencia no van de la mano. El amor no necesita de una sumisión para que sea real, mientras que la obediencia al necesitar que alguien sea inferior sería más una obligación que otra cosa.

 

En lo personal, creo que la mayoría de las personas que vean la película encontraran más motivos para seguir con su rechazo hacia religión y pidiendo la desaparición de esta. Pero también es cierto, que nadie puede sentir lo que los otros sienten. Nadie sabe los verdaderos motivos de por qué alguien va a misa cada domingo, tal vez miedo, tal vez es zozobra por lo que pasará en el futuro y esperar a que tener una deidad de nuestro lado sea lo mejor. Tu y yo sabemos que, si Dios existiera, muy probablemente no estaría de acuerdo con el curso en que su iglesia está siendo llevada. Pero hay que admitir, que él no podría intervenir en los errores de la raza humana ya que por algo nos otorgó el libre albedrío o la capacidad de razonar, por algo se nos otorgó aquella característica de la cual los humanos nos regocijamos, pero muchas veces pareciera que nuestro egocentrismo y la necesidad de pensar que somos dueños de este mundo, le ganará.


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